Jesús Gil tiene un proyecto que quiere llevar a cabo, con o sin Luis Aragonés. Este pasa por renovar el equipo. En el club se cuenta con diez jugadores de los 39 que tiene la plantilla, pero el presidente sabe que para lograrlo será a costa de perder dinero. Además, aseguró que hay que rebajar los costes de una plantilla muy numerosa. “El presente es ganar un partido y habrá que pensar en la próxima temporada. Ahora tenemos que reajustar las fichas de los jugadores para ver si podemos igualar los ingresos y los gastos para poder compensar el pasivo con el patrimonio”, aseguró el presidente del Atlético, que añadió que “una de mis mayores torpezas ha sido traer jugadores de clubes millonarios cedidos”. Gil estuvo ayer en la Fundación Pedro Ferrándiz, donde repasó su trayectoria en el Atlético. Del partido de Osasuna, reiteró que “el que puede dar más y se pasea, no merece vestir la camiseta del Atlético”. Sobre su hijo Miguel Angel Gil, admitió que “yo le metí en el fútbol y me lo estoy cargando. El club vive gracias a él”. Del Real Madrid, bromeó: “Tiene la suerte de que cuando da una patada a una piedra le salen dos torres”. Del eterno rival, destacó a Raúl: “Se ensaña con el Atlético, pero se ha ganado su jerarquía”. Gil también recordó el paso de Futre. “Su llegada fue consensuada, pero fue un error por utilizarle a él”. El presidente, que admitió que hace tres meses que no baja al vestuario, recordó que “a Karpin me lo ofrecieron gratis, pero me dijeron que Emerson era mejor y nos costó 800 millones”. No faltó tampoco el nombre de Torres. Su futuro, según el presidente, está en el Atlético. “Yo no he recibido ninguna oferta. No se puede ir contra el estandarte del club. Además yo no me podría volver a sentar en el palco. Su único problema es que los medios le ensalzan demasiado y aún está por hacer, pero él no se lo cree. Aún no está para ganar el balón de oro”. Gil volvió a incidir en la vida nocturna de los jugadores. “Es verdad que pueden ir a las discotecas y compaginarlo con su vida de futbolista, pero es malo cuando se transforma en un hábito. Si luego sabes cumplir, nadie se mete, pero hay que ser honestos y decir que practican hábitos que no son saludables”.