EL MONO MARIO
02 Apr 2005, 06:30 PM
Pese a que el Gobierno decretó tres días de duelo nacional, el máximo dirigente del fútbol argentino afirmó que mañana se jugarán los partidos dado que son las organizaciones las que deciden si se adhieren o no al duelo.
Su relación con el deporte
Siempre fue un gran deportista. Quien primero influyó en él fue su hermano Edmond, 14 años mayor, quien murió cuando Karol apenas tenía 12, pero que también fue un apasionado por el montañismo. Luego su padre lo involucró con el fútbol y quien fuera luego Juan Pablo II, después preferiría ser arquero, ya durante su internación en la escuela de Wadovice. Ya a esa edad había construido un físico atlético y vigoroso, como todos los Wojtyla.
(1'33")
............................................................................................................................................................
Si bien, su antecesor, Juan Pablo I, Albino Luciani, fue conocido como “el patriarca que anda en bicicleta” y por su gusto por jugar a las bochas, el Papa polaco, en cambio, siempre prefirió los deportes que conllevaban mayor vértigo. Aprendió a esquiar en las pistas de su país, en Zacopane y también practicó bajar por corrientes en kajak; o a remontar los montes Tatra en bicicleta.
También fueron muy reconocidas sus escapadas a Cortina D’Ampezzo, en Autria, a un par de centenar de kilómetros del Vaticano para esquiar, muchas veces acompañado del entonces primer ministro Sandro Pertini. También fue un gran nadador, al punto de utilizar como ningún otro papa la piscina de la Santa Sede y aceptar que le regalaran una pileta en los propios jardines de la residencia de verano en Castelgandolfo. Fue cuando recibió el sobrenombre del “atleta de Cristo”. También se le dijo “goleador de la Iglesia” y Maradona de la fe”.
El 28 de abril de 1994, se resbaló en el baño y se rompió el fémur derecho. Redujeron la fractura, pero nunca dejaría de caminar ayudado por un bastón y se vería obligado a abandonar el esquí.
Solía recibir a equipos y delegaciones deportivas, o simplemente a jugadores que solían ir acompañados por sus familiares, como por ejemplo, Diego Armando Maradona, quien luego lo criticó severamente.
Fue socio honorario de muchos clubes, como el Real Madrid, o el Barcelona. El año pasado recibió un regalo muy especial en sus 26 años de pontificado: Ferrari le obsequió una réplica del Fórmula 1-2004 que llevó al alemán Michael Schumacher al séptimo campeonato, mientras que en octubre del 2000, fue al Estadio Olímpico de Roma y se convirtió en el primer pontífice en presenciar un partido de fútbol, en el que participaron Gabriel Batistuta, Juan Sebastián Verón y Aldo Osorio. En esa ocasión aseguró: “El deporte puede favorecer la afirmación en los jóvenes de valores importantes, como la lealtad, la perseverancia, la amistad, el saber compartir, la solidaridad, (…) y debe ser promotor de emancipación de los países pobres y que ayude a cancelar la intolerancia”.
Su relación con el deporte
Siempre fue un gran deportista. Quien primero influyó en él fue su hermano Edmond, 14 años mayor, quien murió cuando Karol apenas tenía 12, pero que también fue un apasionado por el montañismo. Luego su padre lo involucró con el fútbol y quien fuera luego Juan Pablo II, después preferiría ser arquero, ya durante su internación en la escuela de Wadovice. Ya a esa edad había construido un físico atlético y vigoroso, como todos los Wojtyla.
(1'33")
............................................................................................................................................................
Si bien, su antecesor, Juan Pablo I, Albino Luciani, fue conocido como “el patriarca que anda en bicicleta” y por su gusto por jugar a las bochas, el Papa polaco, en cambio, siempre prefirió los deportes que conllevaban mayor vértigo. Aprendió a esquiar en las pistas de su país, en Zacopane y también practicó bajar por corrientes en kajak; o a remontar los montes Tatra en bicicleta.
También fueron muy reconocidas sus escapadas a Cortina D’Ampezzo, en Autria, a un par de centenar de kilómetros del Vaticano para esquiar, muchas veces acompañado del entonces primer ministro Sandro Pertini. También fue un gran nadador, al punto de utilizar como ningún otro papa la piscina de la Santa Sede y aceptar que le regalaran una pileta en los propios jardines de la residencia de verano en Castelgandolfo. Fue cuando recibió el sobrenombre del “atleta de Cristo”. También se le dijo “goleador de la Iglesia” y Maradona de la fe”.
El 28 de abril de 1994, se resbaló en el baño y se rompió el fémur derecho. Redujeron la fractura, pero nunca dejaría de caminar ayudado por un bastón y se vería obligado a abandonar el esquí.
Solía recibir a equipos y delegaciones deportivas, o simplemente a jugadores que solían ir acompañados por sus familiares, como por ejemplo, Diego Armando Maradona, quien luego lo criticó severamente.
Fue socio honorario de muchos clubes, como el Real Madrid, o el Barcelona. El año pasado recibió un regalo muy especial en sus 26 años de pontificado: Ferrari le obsequió una réplica del Fórmula 1-2004 que llevó al alemán Michael Schumacher al séptimo campeonato, mientras que en octubre del 2000, fue al Estadio Olímpico de Roma y se convirtió en el primer pontífice en presenciar un partido de fútbol, en el que participaron Gabriel Batistuta, Juan Sebastián Verón y Aldo Osorio. En esa ocasión aseguró: “El deporte puede favorecer la afirmación en los jóvenes de valores importantes, como la lealtad, la perseverancia, la amistad, el saber compartir, la solidaridad, (…) y debe ser promotor de emancipación de los países pobres y que ayude a cancelar la intolerancia”.