Mario
25 Sep 2002, 06:06 AM
Sorry guys, an interview in spanish:
El heredero de Riquelme
Pícaro y habilidoso, a los 18 años se ha convertido en la promesa más grande del fútbol argentino.
Carlitos es bajito, mide un metro setenta y pesa unos setenta y cuatro kilos. A simple vista, el pibe parece demasiado pequeño para semejante mochila. Pero basta verlo un rato con la pelota pegada a su diestra para darse cuenta de que la camiseta '10' que heredó de Román le calza a medida. SPORT entró en el mundo de Carlos Tévez, el nuevo Riquelme del fútbol argentino, y cuenta su verdadera historia. "Nunca le niego una firma a los hinchas. Hasta hace poquito estaba del otro lado, y como me moría por el autógrafo de Román, los entiendo".
Carlitos, 'Monito' o 'Fumanchú', como le llaman sus amigos, se crió en el departamento 'L' del primer piso de la torre 'B' de la calle Barragán 214, en pleno corazón del peligrosísimo barrio Ejército de Los Andes, conocido como 'Fuerte Apache'. Un lugar impenetrable incluso para la propia policía. Un gigante de cemento que en registros municipales figura habitado por 60.000 personas, cuando en realidad el número supera los 100.000. De sus años en 'Fuerte Apache', al argentino le quedó una cicatriz por una quemadura con una pava con agua hirviendo que recorre su cara desde la oreja derecha hasta perderse en el cuello. Hoy, vive en el humilde barrio de Versailles, en una casa bonita y austera ubicada sobre la calle Nogoyá, y por la que Boca paga 900 pesos por mes.
Carlitos duerme en una de las cinco habitaciones del segundo piso, la única que tiene una decoración totalmente futbolera: láminas de Maradona, medallas del Sudamericano y del Mundial Sub'17, una camiseta firmada por todo el plantel de Boca y otra de la selección con el autógrafo de Batistuta. También tiene varios compactos de su ídolo, el cantante cuartetero 'La Mona' Giménez. Sin embargo, el único lujo del lugar es una cama matrimonial donde descansa y estudia. El colegio sigue siendo el Instituto Jorge Newbery, en José Ingenieros, pegadito a 'Fuerte Apache'. "En el Fuerte, el que quiere vivir tranquilo lo puede hacer. Y obviamente, si uno quiere 'prenderse en la joda', se va a prender", suele reconocer sin ponerse colorado. Las palabras de Tévez encierran el dolor de haber perdido a uno de sus mejores amigos, Darío Cabañas, quien eligió el camino equivocado de la delincuencia y una tarde del 2001 se encontró con la muerte a la vuelta de la esquina. Justamente, Tévez se enteró del fallecimiento un día después de la derrota de la selección Sub'17 contra Francia. Sólo su familia sabe lo que le costó recuperarse.
Sus primeros pasos en el fútbol los dio en Estrellas del Uno, un equipo del 'monoblock' que estaba dirigido por su padre. Después pasó por Santa Clara, un conjunto integrado por un grupo de amigos de 'Fuerte Apache' que jugaba en la Federación Argentina de fútbol Infantil. Siguió un par de torneos en Villarreal y llegó a All Boys, donde protagonizó una conflicto largo y difícil: "A mi papá le hicieron firmar un papel como que era la inscripción a un torneo. Pero después aparecí fichado en la AFA, no me querían dar el pase y estuve un año y medio colgado", se descargó publicamente. Unos meses antes de quedarse libre, su padre lo reconoció y Carlitos dejó de apellidarse Martínez. Entonces, legalmente pasó a ser el hijo de don Segundo Raimundo Tévez y de Adriana Martínez, hermano de Diego Daniel, Miguel Angel, Ricardo Ariel y Débora, y amigo fiel de Fito, el pequinés de la familia. Bajo el calor familiar, tras un breve paso por el Club Parque, fichó en la pre novena de Boca. Y ahí, explotó.
Centrodelantero en todas las categorías de las Inferiores (metió 72 goles del 98 al 2001), Tévez aparece como el compañero ideal en ataque del 'Chelo' Delgado. Con él, Boca pierde un referente en el área pero gana en volumen de juego, en clase y en dinámica de tres cuartos de cancha en adelante. No podía ser de otra manera: en la Argentina, no cualquiera usa la '10' de Boca. La que fue de Diego. La que le dejó Román...
De gran admirador de Román a compañero de equipo y amigo
Carlos alcanzó a jugar con Román antes de que el Barcelona se lo trajera a Cataluña. Dicen en la intimidad del vestuario de Boca que Tévez lo admiraba tanto que lo llamaba 'El Maestro'. Y justamente por ser uno de sus mejores alumnos, en Boca apostaron a su clase (y al marketing) y le dieron la responsabilidad de usar la camiseta número '10'. La misma que recibió una tarde de junio del año pasado, vía Marcos Franchi: para Tévez, llegar a Román era prácticamente imposible y ni soñar con pedirle una camiseta. ¿La razón? Su gran timidez se lo impedía... "¿Si soy el heredero de Riquelme? Noo, la '10' nunca va a ser mía, la siento como si fuera prestada. Es de Román, es del 'Maestro'. Voy a cuidársela lo mejor posible".
El heredero de Riquelme
Pícaro y habilidoso, a los 18 años se ha convertido en la promesa más grande del fútbol argentino.
Carlitos es bajito, mide un metro setenta y pesa unos setenta y cuatro kilos. A simple vista, el pibe parece demasiado pequeño para semejante mochila. Pero basta verlo un rato con la pelota pegada a su diestra para darse cuenta de que la camiseta '10' que heredó de Román le calza a medida. SPORT entró en el mundo de Carlos Tévez, el nuevo Riquelme del fútbol argentino, y cuenta su verdadera historia. "Nunca le niego una firma a los hinchas. Hasta hace poquito estaba del otro lado, y como me moría por el autógrafo de Román, los entiendo".
Carlitos, 'Monito' o 'Fumanchú', como le llaman sus amigos, se crió en el departamento 'L' del primer piso de la torre 'B' de la calle Barragán 214, en pleno corazón del peligrosísimo barrio Ejército de Los Andes, conocido como 'Fuerte Apache'. Un lugar impenetrable incluso para la propia policía. Un gigante de cemento que en registros municipales figura habitado por 60.000 personas, cuando en realidad el número supera los 100.000. De sus años en 'Fuerte Apache', al argentino le quedó una cicatriz por una quemadura con una pava con agua hirviendo que recorre su cara desde la oreja derecha hasta perderse en el cuello. Hoy, vive en el humilde barrio de Versailles, en una casa bonita y austera ubicada sobre la calle Nogoyá, y por la que Boca paga 900 pesos por mes.
Carlitos duerme en una de las cinco habitaciones del segundo piso, la única que tiene una decoración totalmente futbolera: láminas de Maradona, medallas del Sudamericano y del Mundial Sub'17, una camiseta firmada por todo el plantel de Boca y otra de la selección con el autógrafo de Batistuta. También tiene varios compactos de su ídolo, el cantante cuartetero 'La Mona' Giménez. Sin embargo, el único lujo del lugar es una cama matrimonial donde descansa y estudia. El colegio sigue siendo el Instituto Jorge Newbery, en José Ingenieros, pegadito a 'Fuerte Apache'. "En el Fuerte, el que quiere vivir tranquilo lo puede hacer. Y obviamente, si uno quiere 'prenderse en la joda', se va a prender", suele reconocer sin ponerse colorado. Las palabras de Tévez encierran el dolor de haber perdido a uno de sus mejores amigos, Darío Cabañas, quien eligió el camino equivocado de la delincuencia y una tarde del 2001 se encontró con la muerte a la vuelta de la esquina. Justamente, Tévez se enteró del fallecimiento un día después de la derrota de la selección Sub'17 contra Francia. Sólo su familia sabe lo que le costó recuperarse.
Sus primeros pasos en el fútbol los dio en Estrellas del Uno, un equipo del 'monoblock' que estaba dirigido por su padre. Después pasó por Santa Clara, un conjunto integrado por un grupo de amigos de 'Fuerte Apache' que jugaba en la Federación Argentina de fútbol Infantil. Siguió un par de torneos en Villarreal y llegó a All Boys, donde protagonizó una conflicto largo y difícil: "A mi papá le hicieron firmar un papel como que era la inscripción a un torneo. Pero después aparecí fichado en la AFA, no me querían dar el pase y estuve un año y medio colgado", se descargó publicamente. Unos meses antes de quedarse libre, su padre lo reconoció y Carlitos dejó de apellidarse Martínez. Entonces, legalmente pasó a ser el hijo de don Segundo Raimundo Tévez y de Adriana Martínez, hermano de Diego Daniel, Miguel Angel, Ricardo Ariel y Débora, y amigo fiel de Fito, el pequinés de la familia. Bajo el calor familiar, tras un breve paso por el Club Parque, fichó en la pre novena de Boca. Y ahí, explotó.
Centrodelantero en todas las categorías de las Inferiores (metió 72 goles del 98 al 2001), Tévez aparece como el compañero ideal en ataque del 'Chelo' Delgado. Con él, Boca pierde un referente en el área pero gana en volumen de juego, en clase y en dinámica de tres cuartos de cancha en adelante. No podía ser de otra manera: en la Argentina, no cualquiera usa la '10' de Boca. La que fue de Diego. La que le dejó Román...
De gran admirador de Román a compañero de equipo y amigo
Carlos alcanzó a jugar con Román antes de que el Barcelona se lo trajera a Cataluña. Dicen en la intimidad del vestuario de Boca que Tévez lo admiraba tanto que lo llamaba 'El Maestro'. Y justamente por ser uno de sus mejores alumnos, en Boca apostaron a su clase (y al marketing) y le dieron la responsabilidad de usar la camiseta número '10'. La misma que recibió una tarde de junio del año pasado, vía Marcos Franchi: para Tévez, llegar a Román era prácticamente imposible y ni soñar con pedirle una camiseta. ¿La razón? Su gran timidez se lo impedía... "¿Si soy el heredero de Riquelme? Noo, la '10' nunca va a ser mía, la siento como si fuera prestada. Es de Román, es del 'Maestro'. Voy a cuidársela lo mejor posible".