Diego Londoño
20 Oct 2004, 02:57 PM
(Datos reales)
Enroque largo
La sangre judía cruza el Atlántico y deja las manchas más visibles en Argentina. El ejército nazi entra violentamente a Polonia y, en 18 días, el país es repartido entre varios, en el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Suramérica es epicentro de la Olimpiada de Ajedrez, que tiene representación de varias naciones del viejo continente.
El polaco Miguel Najdorf acude a José Raúl Capablanca para gestionar su asilo en Cuba. Capablanca, ex campeón mundial de ajedrez y Agregado Diplomático cubano no sólo le asegura estadía en su país el tiempo que requiera sino que le promete trabajo en La Habana. Najdorf escribiría una columna de ajedrez en el Diario de la Marina.
Pero la mente de Najdorf no está en América. Aunque su físico juega en Argentina un importante torneo, sus malos resultados deportivos son síntomas de que su “campo de concentración” actual no es el ajedrez. Él sabe que su familia está en poder de los nazis y que no podrá retornar a Polonia en esas condiciones.
Finalmente, pese a la buena voluntad mostrada por Capablanca, Miguel Najdorf es persuadido de continuar en Argentina hasta el final de la guerra. La ciudad de Buenos Aires de 1939, además del cubano y el polaco, tiene al equipo de Francia entre sus huéspedes. El ruso Alexander Alekhine, francés desde 1925, es el primer tablero de su patria adoptiva.
Alekhine conocía el conflicto desde distintas posiciones. En 1914, al inicio de la Primera Guerra Mundial, fue hecho prisionero en Mannheim, Alemania. Permaneció cerca de un mes en una celda junto a los también ajedrecistas rusos Bogoljubow, Rabinovich, Bogatirrchuk, Romanowsky y Selesniev. Cuando fue liberado trabajó en la Cruz Roja de Rusia, donde lo condecoraron en cuatro ocasiones.
En 1919 el futuro primer campeón mundial de ajedrez ruso era declarado sospechoso de espionaje y estuvo preso en Odessa, Ucrania, durante 15 días. En los años siguientes, su dominio de varios idiomas le daría otras funciones alternas a la práctica del ajedrez. En 1920, fue intérprete en el Partido Comunista y Secretario del Departamento de Educación.
En 1921 abandonó Rusia bajo confusas circunstancias. Según algunos, estaba sentenciado a fusilamiento por los bolcheviques, fue visitado por el líder del Ejército Rojo, León Trotsky, jugó una partida contra él y recibió su ayuda para escapar.
La duda en esta hipótesis se mantiene, pues algunas versiones indican que Alekhine prestó su servicio a los blancos, durante la Revolución Bolchevique, mientras otros lo relacionan con los rojos.
Las demás fuentes, hacen énfasis en la visión utilitarista del entorno que demostraba con frecuencia el ajedrecista soviético y la enlazan con sus aptitudes lingüísticas. Alekhine habría obtenido un cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, por su fluidez idiomática y habría utilizado su nombramiento para viajar al exterior y quedarse en Alemania.
Pero, independiente de la verdadera forma en que salió, Alexander Alekhine permanecería el resto de su vida fuera de Rusia. Pese a esas vivencias extremas en su pasado, el Alekhine de principios de la Segunda Guerra Mundial no está intranquilo con la persecución hitleriana de judíos.
Aunque en ese instante se muestra indiferente con los acontecimientos, sus acciones futuras desequilibrarían la división entre quienes lo observan como un hombre bueno con intensa timidez o un ser sádico y ególatra.
El Presidente de la Federación Argentina de Ajedrez, Carlos Querencio, y José Raúl Capablanca pretenden efectuar el match de revancha por el título orbital. Ante la presencia simultánea de Alekhine y Capablanca en el mismo país y la misma ciudad, no parece existir obstáculo claro para revivir el duelo de 12 años antes.
En 1927 Alekhine había destronado a Capablanca de su título y la guerra que entristece a los jugadores que compiten en la Olimpiada bonaerense es la coartada perfecta para el campeón mundial. Alexander Alekhine huye del cubano, temeroso de perder con él. Con un inesperado triunfo sobre Capablanca, el ruso no está convencido de revalidar su estado.
En los años posteriores al 27, había recurrido a tácticas externas al tablero, para evitar a Capa. Pidió 10.000 dólares y el cubano los reunió. Los rechazó, porque, según sus extraños argumentos, el dólar se había desvalorizado y exigió que le cancelara en oro. Con sus importantes contactos, consiguió vetar a Capablanca de los torneos en que él participaba.
En 1937 el Ministro de Interior de Inglaterra, Sir John Simon inauguraba un torneo en la ciudad de Margate. Tras mencionar el apellido Capablanca, Alekhine se paró de su silla y salió del salón, dejando atónitos a los asistentes. La frase no exaltaba las virtudes del cubano, pero le irritaba oírlo nombrar.
En el 39 se ampara en un supuesto aviso de movilización que recibió en su domicilio en París, que le exige tomar el primer barco que salga de Buenos Aires hacia Francia. En su condición de Oficial Intérprete del Ejército Francés, Alekhine debía unirse a las reservas de su nación.
Lo que pone en duda que la solicitud de su presencia fuera de carácter inmediato e ineludible es la edad y prestigio de Alekhine. A sus 47 años, no habría tenido problemas en ser autorizado a permanecer un mes más si lo deseaba, pero la guerra le serviría para evadir a sus rivales.
Yo agradezco no estar visitando la tumba de Alekhine. Aparentemente, Fulgencio Batista y yo reconocimos en muerte lo que otros trataron de ocultar en vida.
El Presidente de Cuba de ese 1942 trató de exculpar a los políticos que habían ignorado la labor de Capablanca. El premiarlo con la Orden Nacional Carlos Manuel de Céspedes, la más importante condecoración de gobierno cubano, no haría que el corazón de José Raúl tuviera un ritmo básico para que su cuerpo funcionara.
Tampoco mi visita, más de cinco décadas después de él estar en este sitio, puede lograr que Capablanca recupere el cargo de Embajador Extraordinario. Desde 1913 el ajedrecista cubano había tenido esa denominación, sin ninguna función específica, como una excusa para que pudiera viajar por el mundo y jugar ajedrez.
Sin embargo, él no se conformaría con su “misión” de ganar, en nombre de Cuba, importantes torneos en América y Europa. El tiempo que le dejaban las damas, del juego y de la vida real, lo utilizaba para iniciar relaciones políticas ridiculizadas en aquel momento.
En 1933 Capablanca hacía parte del cuerpo diplomático cubano en Washington. Al ser invitado por el embajador soviético en Estados Unidos a tomar el té llegaron a la conclusión de que sería interesante un intercambio comercial entre Cuba y la Unión Soviética.
Alexander Troyanovsky y José Raúl Capablanca coincidían en afirmar que la dependencia de Cuba en lo que le brindaba Estados Unidos era excesiva. Luego de la reunión, el ajedrecista envió una carta al Secretario de Estado en La Habana, explicando la pertinencia de establecer relaciones entre cubanos y soviéticos.
Aunque muchos probablemente se lo hayan dicho yo le cuento a Capablanca que su sueño de relacionar a estos dos países se realizó. La carta que el secretario Cosme de la Torriente ignoró sería el inicio de una alianza comunista futura.
Faltan cinco días para que Fidel Castro festeje sus 40 años como el máximo mandatario de la isla y pocos son los que se atreven a hacer acusaciones públicas similares a las que recayeron sobre el jugador cubano de ajedrez. Aquellos señalamientos de colaboracionista bolchevique a Capablanca, que daba el Diario de la Marina por su rígido criterio de no ligarse a lo que una sola nación les brindara, suenan ahora a sandeces.
Los momentos que he vivido en los años anteriores son una cadena tras la acción de Capablanca. Decidí viajar a Lituania, siguiendo la actitud del cubano ante el sufrimiento de Najdorf. Del trabajo que hice en ese viaje, obtuve el cargo de Editor Deportivo en el periódico en que trabajo. Al obtener ese cargo, presencié el éxito de Argentina y Maradona en el Mundial de 1986, el de Sarunas Marciulionis en los Juegos Olímpicos y la escandalosa reaparición de Bobby Fischer en Yugoslavia, por mencionar a los acontecimientos que más recordación generaron en mí.
En el Cementerio de Colón llegué a una tumba que no sobresale entre las demás. El guía de la excursión colombiana, de mis anheladas vacaciones, debió fallar dos veces antes de encontrarla. Las letras en bronce que señalan que ésta es la ubicación de los restos de José Raúl Capablanca no sólo traen a mi cuerpo sensaciones ligadas a la muerte del cubano.
Los 300 familiares de Miguel Najdorf no descansan en este cementerio pero imagino la presencia espiritual de un mausoleo suyo en La Habana, en torno al ajedrecista Capablanca. El sufrimiento, la muerte que vive en este lugar, adormece mis deseos de conocer otras historias de cubanos fallecidos.
Los demás turistas antioqueños van con el guía hacia la tumba de una mujer que recibe la visita de parejas que no pueden concebir y, con su supuesta intercesión, son padres poco tiempo después.
Me transporto en el tiempo y me ubico nuevamente en la Segunda Guerra Mundial. Yo quedo atado psicológicamente a Capablanca y a los años 30 y 40. Mientras Najdorf se exiliaba en Argentina, su esposa, su hija y sus cuatro hermanos eran asesinados por los nazis. El resto de sus 300 familiares cercanos y lejanos tenía el mismo final, en los campos de concentración dirigidos por Adolfo Hitler. Por su parte, el campeón mundial de ajedrez, Alexander Alekhine, jugaba partidas amistosas contra Hans Frank, el sanguinario gobernador que Hitler nombró para Polonia.
En los tiempos en que los jugadores David Przepiorka y Salo Landau morían por el pecado de ser judíos, Alekhine escribía artículos reforzando la persecución racial. El diario alemán Pariser Zeitung, editado en Paría, publicaba los textos antisemitas del campeón.
Alekhine defendía la tesis diferenciada entre los estilos de juego ario y judío. Según él, la forma judía de jugar ajedrez se basaba en el oportunismo, la ambición por alcanzar ganancias materiales y la defensa exagerada. En contravía de la mentalidad de la raza pura, que era agresiva y aceptaba la defensa sólo como método extremo ante un error, según la filosofía alekhiniana.
La participación de Alekhine no fue la única entre las personalidades del ajedrez en la guerra. Los dirigidos por Hitler habían construido una máquina codificadora de mensajes, llamada Enigma, lo que saca del juego de mesa a algunas piezas del tablero.
Cuando los años 30 finalizaban, algunos matemáticos polacos tenían avances en el descifrado, pero su país era invadido y la investigación estaba en peligro. Mediante colaboración del ajedrecista judío Savielli Tartakower la información obtenida era trasladada a los servicios franceses.
El polaco- francés dejó el ajedrez y su nombre durante la guerra. Con el seudónimo de capitán Cartier, Tartakower tomó residencia en Inglaterra, haciendo parte de la resistencia del general Charles de Gaulle.
Al inicio de los años 40 las tropas alemanas ocuparon el territorio francés y la investigación de Enigma se desplazó nuevamente, ahora a Inglaterra. El proceso de descifrado se ubicó en Londres, cerca del general De Gaulle y el capitán Cartier. La mansión Bletchley Park, en Oxford, fue el sitio de concentración del grupo de ajedrecistas que efectuaba el análisis.
Alan Turing, experto en computadoras y pionero en programación informática de ajedrez, fue elegido por los servicios secretos ingleses para liderar a los campeones en la mansión de Oxford. Con estudios en Cambridge y Princeton, Turing dirigiría a Golombek, Milner- Barry y Alexander, tres de los mejores jugadores británicos del momento.
Mientras Francia era invadida por los nazis, Alexander Alekhine dejaba a un lado el nacionalismo que había enunciado tener para abandonar Buenos Aires y no jugar contra Capablanca. Alekhine había jurado defender a muerte a su putativa nación pero ahora necesitaba huir.
El campeón ruso- francés se contacta con el cónsul de Cuba en Marsella, para gestionar el match de revancha con Capablanca. La reedición del enfrentamiento de 1927, en que sorpresivamente Alekhine venció al cubano nunca se dio.
Capablanca está aquí desde 1942, luego de que su cuerpo fuera traído desde Estados Unidos. Yo, en mis momentos de locura, le cuento lo que él no alcanzó a vivir. Alexander Alekhine, quien alguna vez dijo que usted se judaizó en Nueva York, falleció en 1946.
Alex falleció cuando se preparaba para jugar un match contra Botvinnik, frente a un tablero de ajedrez como usted. La diferencia es que él no murió en un Club de Manhattan, rodeado de amigos, sino en la soledad de un apartamento en Lisboa.
Al igual que usted, a los 54 años las fallas en el corazón del ruso- francés no le dejaron tener más vida. En la recapitulación espontánea, encuentro más coincidencias de las que pensaba con anterioridad. Los dos murieron a los 54 años, nacieron un noviembre y pudieron ser estrellas del cine.
En los años 20 usted era considerado el tercer hombre más atractivo del mundo, después de Rodolfo Valentino y Ramón Navarro, y el director Cecil D. de Mille lo llevó a Hollywood convencido de su éxito futuro en la actuación, época en la que Alekhine probaba aptitudes en el cine de Moscú.
En el recuento simbólico que hago con Capablanca se incluye a Miguel Najdorf. El jugador polaco obtuvo el récord mundial de partidas simultáneas a la ciega, modalidad en la que Alekhine también sobresalió.
Los familiares de Najdorf, como le aseguraron personas que sobrevivieron en los campos de concentración, supieron de su triunfo en el juego ciencia. Alekhine desarrolló sus capacidades de jugar sin ver el tablero, durante el mes de reclusión en la Primera Guerra Mundial. Los ajedrecistas rusos pasaron muchas de esas horas sin libertad practicando en este estilo, en el que Najdorf fue el mejor.
Señor Capablanca: Tartakower permaneció con los Franceses Libres hasta el fin de la guerra y reapareció en el deporte en 1945, ganando el torneo de Hastings, empleando su predilecta Defensa Francesa. Golombek fue condecorado como usted. El jugador inglés recibió la Orden del Imperio Británico. Además, Alexander, su compañero en la mansión londinense, estuvo el resto de su vida como funcionario de los servicios secretos.
Winston Churchill omitió el primer mensaje que los ajedrecistas descifraron, que indicaba que Coventry sería bombardeada, y la ciudad fue destruida. Lo hizo por estrategia, como esas que usted tanto usó para manejar a varias damas simultáneamente. Churchill no quería mostrar los avances en el conocimiento de Enigma, para no prevenir a los nazis.
Los alemanes no lo supieron y el código fue plenamente identificado en 1944. Usted no conoció esta historia, y tampoco lo hubiera hecho viviendo dos años más, porque los secretos militares de la guerra sólo fueron revelados en 1970.
En 1946 Alan Turing fue tratado como loco al afirmar que las computadoras jugarían ajedrez. Un campeón mundial llamado Garry Kasparov perdió contra una máquina en 1997. Turing no lo presenció, pues murió por aparente suicidio en 1954. En ese 97 moría El Viejo Najdorf.
A sus 87 años, Miguel se marchó como el argentino que fue desde 1942, el año en que usted falleció. Le agradeció su gesto de buena voluntad y probablemente ya se lo ha comunicado de nuevo.
Pese a haber participado en los torneos organizados por Hitler, Alekhine negó ser el autor de los textos antisemitas, pero su afirmación no fue creída por muchos. Vivió, lo que el exceso del alcohol le permitió, en España y Portugal. Ahora él está en el Cementerio Montparnasse, de París.
Él y usted murieron un día de marzo, con cuatro años de diferencia, los mismos que se llevaban al nacer. La policía ha reportado daños en la tumba de Alex, contrario al pacífico entorno en que usted se encuentra. Me voy seguro de haber elegido el camino correcto al fijar mis pasos sobre los suyos. El resto de la excursión me saca del profundo letargo y me recuerda que aún tengo muchos lugares de Cuba y el mundo por recorrer.
Enroque largo
La sangre judía cruza el Atlántico y deja las manchas más visibles en Argentina. El ejército nazi entra violentamente a Polonia y, en 18 días, el país es repartido entre varios, en el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Suramérica es epicentro de la Olimpiada de Ajedrez, que tiene representación de varias naciones del viejo continente.
El polaco Miguel Najdorf acude a José Raúl Capablanca para gestionar su asilo en Cuba. Capablanca, ex campeón mundial de ajedrez y Agregado Diplomático cubano no sólo le asegura estadía en su país el tiempo que requiera sino que le promete trabajo en La Habana. Najdorf escribiría una columna de ajedrez en el Diario de la Marina.
Pero la mente de Najdorf no está en América. Aunque su físico juega en Argentina un importante torneo, sus malos resultados deportivos son síntomas de que su “campo de concentración” actual no es el ajedrez. Él sabe que su familia está en poder de los nazis y que no podrá retornar a Polonia en esas condiciones.
Finalmente, pese a la buena voluntad mostrada por Capablanca, Miguel Najdorf es persuadido de continuar en Argentina hasta el final de la guerra. La ciudad de Buenos Aires de 1939, además del cubano y el polaco, tiene al equipo de Francia entre sus huéspedes. El ruso Alexander Alekhine, francés desde 1925, es el primer tablero de su patria adoptiva.
Alekhine conocía el conflicto desde distintas posiciones. En 1914, al inicio de la Primera Guerra Mundial, fue hecho prisionero en Mannheim, Alemania. Permaneció cerca de un mes en una celda junto a los también ajedrecistas rusos Bogoljubow, Rabinovich, Bogatirrchuk, Romanowsky y Selesniev. Cuando fue liberado trabajó en la Cruz Roja de Rusia, donde lo condecoraron en cuatro ocasiones.
En 1919 el futuro primer campeón mundial de ajedrez ruso era declarado sospechoso de espionaje y estuvo preso en Odessa, Ucrania, durante 15 días. En los años siguientes, su dominio de varios idiomas le daría otras funciones alternas a la práctica del ajedrez. En 1920, fue intérprete en el Partido Comunista y Secretario del Departamento de Educación.
En 1921 abandonó Rusia bajo confusas circunstancias. Según algunos, estaba sentenciado a fusilamiento por los bolcheviques, fue visitado por el líder del Ejército Rojo, León Trotsky, jugó una partida contra él y recibió su ayuda para escapar.
La duda en esta hipótesis se mantiene, pues algunas versiones indican que Alekhine prestó su servicio a los blancos, durante la Revolución Bolchevique, mientras otros lo relacionan con los rojos.
Las demás fuentes, hacen énfasis en la visión utilitarista del entorno que demostraba con frecuencia el ajedrecista soviético y la enlazan con sus aptitudes lingüísticas. Alekhine habría obtenido un cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, por su fluidez idiomática y habría utilizado su nombramiento para viajar al exterior y quedarse en Alemania.
Pero, independiente de la verdadera forma en que salió, Alexander Alekhine permanecería el resto de su vida fuera de Rusia. Pese a esas vivencias extremas en su pasado, el Alekhine de principios de la Segunda Guerra Mundial no está intranquilo con la persecución hitleriana de judíos.
Aunque en ese instante se muestra indiferente con los acontecimientos, sus acciones futuras desequilibrarían la división entre quienes lo observan como un hombre bueno con intensa timidez o un ser sádico y ególatra.
El Presidente de la Federación Argentina de Ajedrez, Carlos Querencio, y José Raúl Capablanca pretenden efectuar el match de revancha por el título orbital. Ante la presencia simultánea de Alekhine y Capablanca en el mismo país y la misma ciudad, no parece existir obstáculo claro para revivir el duelo de 12 años antes.
En 1927 Alekhine había destronado a Capablanca de su título y la guerra que entristece a los jugadores que compiten en la Olimpiada bonaerense es la coartada perfecta para el campeón mundial. Alexander Alekhine huye del cubano, temeroso de perder con él. Con un inesperado triunfo sobre Capablanca, el ruso no está convencido de revalidar su estado.
En los años posteriores al 27, había recurrido a tácticas externas al tablero, para evitar a Capa. Pidió 10.000 dólares y el cubano los reunió. Los rechazó, porque, según sus extraños argumentos, el dólar se había desvalorizado y exigió que le cancelara en oro. Con sus importantes contactos, consiguió vetar a Capablanca de los torneos en que él participaba.
En 1937 el Ministro de Interior de Inglaterra, Sir John Simon inauguraba un torneo en la ciudad de Margate. Tras mencionar el apellido Capablanca, Alekhine se paró de su silla y salió del salón, dejando atónitos a los asistentes. La frase no exaltaba las virtudes del cubano, pero le irritaba oírlo nombrar.
En el 39 se ampara en un supuesto aviso de movilización que recibió en su domicilio en París, que le exige tomar el primer barco que salga de Buenos Aires hacia Francia. En su condición de Oficial Intérprete del Ejército Francés, Alekhine debía unirse a las reservas de su nación.
Lo que pone en duda que la solicitud de su presencia fuera de carácter inmediato e ineludible es la edad y prestigio de Alekhine. A sus 47 años, no habría tenido problemas en ser autorizado a permanecer un mes más si lo deseaba, pero la guerra le serviría para evadir a sus rivales.
Yo agradezco no estar visitando la tumba de Alekhine. Aparentemente, Fulgencio Batista y yo reconocimos en muerte lo que otros trataron de ocultar en vida.
El Presidente de Cuba de ese 1942 trató de exculpar a los políticos que habían ignorado la labor de Capablanca. El premiarlo con la Orden Nacional Carlos Manuel de Céspedes, la más importante condecoración de gobierno cubano, no haría que el corazón de José Raúl tuviera un ritmo básico para que su cuerpo funcionara.
Tampoco mi visita, más de cinco décadas después de él estar en este sitio, puede lograr que Capablanca recupere el cargo de Embajador Extraordinario. Desde 1913 el ajedrecista cubano había tenido esa denominación, sin ninguna función específica, como una excusa para que pudiera viajar por el mundo y jugar ajedrez.
Sin embargo, él no se conformaría con su “misión” de ganar, en nombre de Cuba, importantes torneos en América y Europa. El tiempo que le dejaban las damas, del juego y de la vida real, lo utilizaba para iniciar relaciones políticas ridiculizadas en aquel momento.
En 1933 Capablanca hacía parte del cuerpo diplomático cubano en Washington. Al ser invitado por el embajador soviético en Estados Unidos a tomar el té llegaron a la conclusión de que sería interesante un intercambio comercial entre Cuba y la Unión Soviética.
Alexander Troyanovsky y José Raúl Capablanca coincidían en afirmar que la dependencia de Cuba en lo que le brindaba Estados Unidos era excesiva. Luego de la reunión, el ajedrecista envió una carta al Secretario de Estado en La Habana, explicando la pertinencia de establecer relaciones entre cubanos y soviéticos.
Aunque muchos probablemente se lo hayan dicho yo le cuento a Capablanca que su sueño de relacionar a estos dos países se realizó. La carta que el secretario Cosme de la Torriente ignoró sería el inicio de una alianza comunista futura.
Faltan cinco días para que Fidel Castro festeje sus 40 años como el máximo mandatario de la isla y pocos son los que se atreven a hacer acusaciones públicas similares a las que recayeron sobre el jugador cubano de ajedrez. Aquellos señalamientos de colaboracionista bolchevique a Capablanca, que daba el Diario de la Marina por su rígido criterio de no ligarse a lo que una sola nación les brindara, suenan ahora a sandeces.
Los momentos que he vivido en los años anteriores son una cadena tras la acción de Capablanca. Decidí viajar a Lituania, siguiendo la actitud del cubano ante el sufrimiento de Najdorf. Del trabajo que hice en ese viaje, obtuve el cargo de Editor Deportivo en el periódico en que trabajo. Al obtener ese cargo, presencié el éxito de Argentina y Maradona en el Mundial de 1986, el de Sarunas Marciulionis en los Juegos Olímpicos y la escandalosa reaparición de Bobby Fischer en Yugoslavia, por mencionar a los acontecimientos que más recordación generaron en mí.
En el Cementerio de Colón llegué a una tumba que no sobresale entre las demás. El guía de la excursión colombiana, de mis anheladas vacaciones, debió fallar dos veces antes de encontrarla. Las letras en bronce que señalan que ésta es la ubicación de los restos de José Raúl Capablanca no sólo traen a mi cuerpo sensaciones ligadas a la muerte del cubano.
Los 300 familiares de Miguel Najdorf no descansan en este cementerio pero imagino la presencia espiritual de un mausoleo suyo en La Habana, en torno al ajedrecista Capablanca. El sufrimiento, la muerte que vive en este lugar, adormece mis deseos de conocer otras historias de cubanos fallecidos.
Los demás turistas antioqueños van con el guía hacia la tumba de una mujer que recibe la visita de parejas que no pueden concebir y, con su supuesta intercesión, son padres poco tiempo después.
Me transporto en el tiempo y me ubico nuevamente en la Segunda Guerra Mundial. Yo quedo atado psicológicamente a Capablanca y a los años 30 y 40. Mientras Najdorf se exiliaba en Argentina, su esposa, su hija y sus cuatro hermanos eran asesinados por los nazis. El resto de sus 300 familiares cercanos y lejanos tenía el mismo final, en los campos de concentración dirigidos por Adolfo Hitler. Por su parte, el campeón mundial de ajedrez, Alexander Alekhine, jugaba partidas amistosas contra Hans Frank, el sanguinario gobernador que Hitler nombró para Polonia.
En los tiempos en que los jugadores David Przepiorka y Salo Landau morían por el pecado de ser judíos, Alekhine escribía artículos reforzando la persecución racial. El diario alemán Pariser Zeitung, editado en Paría, publicaba los textos antisemitas del campeón.
Alekhine defendía la tesis diferenciada entre los estilos de juego ario y judío. Según él, la forma judía de jugar ajedrez se basaba en el oportunismo, la ambición por alcanzar ganancias materiales y la defensa exagerada. En contravía de la mentalidad de la raza pura, que era agresiva y aceptaba la defensa sólo como método extremo ante un error, según la filosofía alekhiniana.
La participación de Alekhine no fue la única entre las personalidades del ajedrez en la guerra. Los dirigidos por Hitler habían construido una máquina codificadora de mensajes, llamada Enigma, lo que saca del juego de mesa a algunas piezas del tablero.
Cuando los años 30 finalizaban, algunos matemáticos polacos tenían avances en el descifrado, pero su país era invadido y la investigación estaba en peligro. Mediante colaboración del ajedrecista judío Savielli Tartakower la información obtenida era trasladada a los servicios franceses.
El polaco- francés dejó el ajedrez y su nombre durante la guerra. Con el seudónimo de capitán Cartier, Tartakower tomó residencia en Inglaterra, haciendo parte de la resistencia del general Charles de Gaulle.
Al inicio de los años 40 las tropas alemanas ocuparon el territorio francés y la investigación de Enigma se desplazó nuevamente, ahora a Inglaterra. El proceso de descifrado se ubicó en Londres, cerca del general De Gaulle y el capitán Cartier. La mansión Bletchley Park, en Oxford, fue el sitio de concentración del grupo de ajedrecistas que efectuaba el análisis.
Alan Turing, experto en computadoras y pionero en programación informática de ajedrez, fue elegido por los servicios secretos ingleses para liderar a los campeones en la mansión de Oxford. Con estudios en Cambridge y Princeton, Turing dirigiría a Golombek, Milner- Barry y Alexander, tres de los mejores jugadores británicos del momento.
Mientras Francia era invadida por los nazis, Alexander Alekhine dejaba a un lado el nacionalismo que había enunciado tener para abandonar Buenos Aires y no jugar contra Capablanca. Alekhine había jurado defender a muerte a su putativa nación pero ahora necesitaba huir.
El campeón ruso- francés se contacta con el cónsul de Cuba en Marsella, para gestionar el match de revancha con Capablanca. La reedición del enfrentamiento de 1927, en que sorpresivamente Alekhine venció al cubano nunca se dio.
Capablanca está aquí desde 1942, luego de que su cuerpo fuera traído desde Estados Unidos. Yo, en mis momentos de locura, le cuento lo que él no alcanzó a vivir. Alexander Alekhine, quien alguna vez dijo que usted se judaizó en Nueva York, falleció en 1946.
Alex falleció cuando se preparaba para jugar un match contra Botvinnik, frente a un tablero de ajedrez como usted. La diferencia es que él no murió en un Club de Manhattan, rodeado de amigos, sino en la soledad de un apartamento en Lisboa.
Al igual que usted, a los 54 años las fallas en el corazón del ruso- francés no le dejaron tener más vida. En la recapitulación espontánea, encuentro más coincidencias de las que pensaba con anterioridad. Los dos murieron a los 54 años, nacieron un noviembre y pudieron ser estrellas del cine.
En los años 20 usted era considerado el tercer hombre más atractivo del mundo, después de Rodolfo Valentino y Ramón Navarro, y el director Cecil D. de Mille lo llevó a Hollywood convencido de su éxito futuro en la actuación, época en la que Alekhine probaba aptitudes en el cine de Moscú.
En el recuento simbólico que hago con Capablanca se incluye a Miguel Najdorf. El jugador polaco obtuvo el récord mundial de partidas simultáneas a la ciega, modalidad en la que Alekhine también sobresalió.
Los familiares de Najdorf, como le aseguraron personas que sobrevivieron en los campos de concentración, supieron de su triunfo en el juego ciencia. Alekhine desarrolló sus capacidades de jugar sin ver el tablero, durante el mes de reclusión en la Primera Guerra Mundial. Los ajedrecistas rusos pasaron muchas de esas horas sin libertad practicando en este estilo, en el que Najdorf fue el mejor.
Señor Capablanca: Tartakower permaneció con los Franceses Libres hasta el fin de la guerra y reapareció en el deporte en 1945, ganando el torneo de Hastings, empleando su predilecta Defensa Francesa. Golombek fue condecorado como usted. El jugador inglés recibió la Orden del Imperio Británico. Además, Alexander, su compañero en la mansión londinense, estuvo el resto de su vida como funcionario de los servicios secretos.
Winston Churchill omitió el primer mensaje que los ajedrecistas descifraron, que indicaba que Coventry sería bombardeada, y la ciudad fue destruida. Lo hizo por estrategia, como esas que usted tanto usó para manejar a varias damas simultáneamente. Churchill no quería mostrar los avances en el conocimiento de Enigma, para no prevenir a los nazis.
Los alemanes no lo supieron y el código fue plenamente identificado en 1944. Usted no conoció esta historia, y tampoco lo hubiera hecho viviendo dos años más, porque los secretos militares de la guerra sólo fueron revelados en 1970.
En 1946 Alan Turing fue tratado como loco al afirmar que las computadoras jugarían ajedrez. Un campeón mundial llamado Garry Kasparov perdió contra una máquina en 1997. Turing no lo presenció, pues murió por aparente suicidio en 1954. En ese 97 moría El Viejo Najdorf.
A sus 87 años, Miguel se marchó como el argentino que fue desde 1942, el año en que usted falleció. Le agradeció su gesto de buena voluntad y probablemente ya se lo ha comunicado de nuevo.
Pese a haber participado en los torneos organizados por Hitler, Alekhine negó ser el autor de los textos antisemitas, pero su afirmación no fue creída por muchos. Vivió, lo que el exceso del alcohol le permitió, en España y Portugal. Ahora él está en el Cementerio Montparnasse, de París.
Él y usted murieron un día de marzo, con cuatro años de diferencia, los mismos que se llevaban al nacer. La policía ha reportado daños en la tumba de Alex, contrario al pacífico entorno en que usted se encuentra. Me voy seguro de haber elegido el camino correcto al fijar mis pasos sobre los suyos. El resto de la excursión me saca del profundo letargo y me recuerda que aún tengo muchos lugares de Cuba y el mundo por recorrer.